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¿Creo verdaderamente?
Identidad

¿Creo verdaderamente?

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Jesús prepara mi corazón para acoger tus palabras.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 18, 15-20

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos. Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como de un pagano o un publicano.

Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.

Yo les aseguro también que, si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos».

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

¿Qué tanto creo en las palabras de Jesús cuando dice: «Yo les aseguro también que, si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá»?

¿Cómo está mi fe? ¿Por qué creo tan poco en la promesa de Jesús? ¿Será porque me ha «fallado»? ¿Será porque no supe pedir?

Cristo no puede negar una promesa suya porque Él es la Verdad misma, por lo tanto, el demonio se ha metido o he dejado entrar mentiras en mi interior que me ciegan. Él es Padre y sabe cuándo dar a su hijo lo que necesita o pide. A veces pido cosas que me alejarían de Él sin darme cuenta, y como es Padre y Dios y sabe que si me da eso que le estoy pidiendo me va a hacer daño y me va a impedir seguir mi vuelo hacia el cielo, no me lo concede.

Sobre estas palabras de Jesús debo fundar mi seguridad cuando rezo junto a otros, cuando participo en misa, cuando invoco al Espíritu Santo para reuniones o juntas. O cuando los obispos se juntan para guiar a la Iglesia o cuando hay un concilio. Porque «cuando dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos», guiando, consolando, acompañando, amando.

«Jesús nos pide que recemos juntos; que nuestra oración sea sinfónica, con matices personales, diversas acentuaciones, pero que alce de modo conjunto un mismo clamor. Estoy seguro de que hoy rezamos juntos por el rescate de aquellos que estuvieron errados y no por su destrucción, por la justicia y no la venganza, por la reparación en la verdad y no el olvido. Rezamos para cumplir con el lema de esta visita: “¡Demos el primer paso!”, y que este primer paso sea en una dirección común. “Dar el primer paso” es, sobre todo, salir al encuentro de los demás con Cristo, el Señor. Y Él nos pide siempre dar un paso decidido y seguro hacia los hermanos, renunciando a la pretensión de ser perdonados sin perdonar, de ser amados sin amar».
(Homilía de S.S. Francisco, 10 de septiembre de 2017).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Crear el hábito de ofrecer mi día, que todo lo que haga sea por amor a Cristo.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

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