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Dios llega en el momento menos esperado y más necesario
Identidad

Dios llega en el momento menos esperado y más necesario

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Abre mi corazón, Señor, para que pueda volver a escuchar tu palabra.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 4, 43-54

En aquel tiempo, Jesús salió de Samaria y se fue a Galilea. Jesús mismo había declarado que a ningún profeta se le honra en su propia patria. Cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que él había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían estado allí.

Volvió entonces a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía un hijo enfermo en Cafarnaúm. Al oír éste que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue a verlo y le rogó que fuera a curar a su hijo, que se estaba muriendo. Jesús le dijo: «Si no ven ustedes signos y prodigios, no creen». Pero el funcionario del rey insistió: «Señor, ven antes de que mi muchachito muera». Jesús le contestó: «Vete, tu hijo ya está a sano».

Aquel hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Cuando iba llegando, sus criados le salieron al encuentro para decirle que su hijo ya estaba sano. Él les pregunto a qué hora había empezado la mejoría. Le contestaron: «Ayer, a la una de la tarde, se le quitó la fiebre». El padre reconoció que a esa misma hora Jesús le había dicho: Tu hijo ya está sano», y creyó con todos los de su casa.

Este fue el segundo signo que hizo Jesús al volver de Judea a Galilea.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Dios llega en el momento menos esperado y más necesario.

Cada vez que leo este Evangelio me acuerdo de muchos momentos en que he tenido una dificultad muy grande, porque realmente me doy cuenta de que Dios es un enamorado de primera.

¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Cuando era joven recuerdo que mi padre se compró unos lentes de sol por un problema que tenía, inmediatamente me pidió que buscará un par de lentes para mi madre, compró ambos y los escondió. Cuando mi madre vio a mi padre con lentes nuevos se enojó, pensó que no se había acordado de ella, y de camino al coche se preguntaba por qué no le había comprado nada. Para sorpresa de mi mamá, aparecieron unos lentes nuevos para mujer, ella se emocionó mucho y le dio un beso a mi padre.

Creo que el padre del niño del Evangelio se preguntó si era cierto lo que iba a ver, si iba a ver curado a su hijo; lo digo porque, veces, probamos de todo y no nos damos cuenta de lo cerca que tenemos la respuesta. Este funcionario regresa a su casa y encuentra a su hijo, curado, un regalo que Jesucristo le da. Dios espera hasta el último momento y nos da una pizca de esperanza cada vez que nos vemos rodeados de afanes y recurrimos a su auxilio.

Señor, que no me olvide jamás de todos los detalles que has tenido conmigo, que me dé cuenta de lo mucho que me amas y de cómo me das lo que necesito al punto de consentirme con muchos detalles.

«Creo que no existe un teólogo que pueda explicar esto: no se puede explicar. Sobre esto sólo se puede reflexionar, sentir y llorar de alegría: el Señor nos puede cambiar. Creer, creer que el Señor puede cambiarme, que Él puede. Exactamente lo que hizo con el funcionario del rey que tenía un hijo enfermo en Cafarnaúm. Ese hombre le pedía a Jesús que bajase a curar a su hijo, porque estaba por morir. Jesús le respondió: “Anda, tu hijo vive”. Este padre creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino: creyó, creyó que Jesús tenía el poder de curar a su niño. Y tuvo razón. La fe es dejar espacio a este amor de Dios; es dejar espacio al poder, al poder de Dios, al poder de alguien que me ama, que está enamorado de mí y desea la alegría conmigo. Esto es la fe. Esto es creer: es dejar espacio al Señor para que venga y me cambie.»
(Homilía de S.S. Francisco, 16 de marzo de 2015, en santa Marta).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Recordar la mejor experiencia del amor de Dios para que la viva en familia, con mis seres queridos.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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