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En un jardín y en un desierto
Identidad

En un jardín y en un desierto

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

«El Señor dijo a Moisés: Prepárate para mañana, sube al amanecer al monte Sinaí y espérame allí…» (Ex 34, 2). De la misma manera, hoy nos dice: Prepárate para encontrarte conmigo, sube a un lugar interior donde yo pueda verte, mostrándote así como eres, así como estás, no traigas distracciones ni pendientes, sólo trae todo el amor y las intenciones de tu corazón, guarda silencio, no te preocupes de hacer grandes reflexiones o hacer bien tu oración, sólo espérame, que yo me acercaré a ti y pronunciaré tu nombre y tú pronunciarás el Mío.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 4, 1-11

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes». Pero él le contestó, diciendo: «Está escrito: ‘No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios'». Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: ‘Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras'». Jesús le dijo: «También está escrito: ‘No tentarás al Señor, tu Dios'». Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras». Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: ‘Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto'». Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Te veo, Jesús, caminar hacia el desierto. Vas inspirado por el amor de Dios que te lleva ahí, a estar a solas y prepararte para tu misión. Tú vas a un desierto; a Adán y a Eva este mismo amor los llevó a un jardín. Tus pasas 40 días solo, hasta sentir hambre, Adán y Eva, en la narración del Génesis recibieron como don todo tipo de criatura de la que podía disponer para vivir, saciar su hambre, ser feliz. Dos lugares tan distintos.

Pero hay algo similar, en los dos se hace presente el tentador. En el jardín del Edén el tentador logra hacer dudar a Eva y a Adán de la identidad de Dios. En el desierto, el tentador quiere que Tú, Señor, realices la misión desvirtuando esta identidad del Padre.

“Si eres Hijo de Dios, convierte estas piedras en pan, resuelve las necesidades mágicamente…”. “Si eres Hijo de Dios a ti no te puede pasar nada malo, aunque te pongas en peligro tú mismo…”. “Adórame y te daré todo lo que tú quieras poseer de este mundo”.

Pero llevas en tu Corazón la misión de enseñarme a vivir en la confianza y en la comunión con Dios. Afirmando en medio de las tentaciones al Dios en el que tú confías, al Dios que encuentras en la Escritura, al Dios que encuentras en el buen uso de tu libertad, al Dios que quieres adorar porque es el Único que lo merece porque es la fuente de todo bien y misericordia.

Adán y Eva no supieron confiar en Dios y creyeron al tentador. Tú me enseñas hoy a vencer al tentador buscando saciar mis necesidades, también con la Palabra en la Escritura, a usar mi libertad sin tentar a Dios, a no esclavizarme adorando las cosas de este mundo.

En un jardín hermoso venció el tentador, en un desierto desolado, venció el amor.

«Cada año, al comienzo de la Cuaresma, este Evangelio de las tentaciones de Jesús en el desierto nos recuerda que la vida del cristiano, tras las huellas del Señor, es una batalla contra el espíritu del mal. Nos muestra que Jesús se enfrentó voluntariamente al Tentador y lo venció; y al mismo tiempo nos recuerda que al diablo se le concede la posibilidad de actuar también sobre nosotros con sus tentaciones. Debemos ser conscientes de la presencia de este enemigo astuto, interesado en nuestra condena eterna, en nuestro fracaso, y prepararnos para defendernos de él y combatirlo. La gracia de Dios nos asegura, mediante la fe, la oración y la penitencia, la victoria sobre el enemigo».
(S.S. Francisco, Ángelus del 21 de febrero de 2021).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Podrías leer pausadamente el relato del Génesis 3 y siguientes. Contempla cómo Dios les había dado todo, pero cuando el tentador los hace dudar, no acuden a Dios para preguntarle qué podría significar eso que dijo esa criatura que nunca habían visto. Dudan, desconfían, rompiendo el diálogo con Dios. Contempla cómo Dios no rompe el diálogo, regresa y los busca, les pregunta ¿dónde estás?

Ante las tentaciones de la vida, las dudas hacia Dios, te invito a responder dialogando con Dios todo eso, buscando en la oración y en la Escritura las respuestas, antes de poner, entre Dios y tú, una imagen falsa de Dios.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

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