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Vivir con Cristo cambia la perspectiva
Identidad

Vivir con Cristo cambia la perspectiva

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Me pongo, Señor, en tus manos, tal como soy. Creo en ti, creo que Tú te interesas por mí, por todo lo que soy y hago. Confío en que Tú quieres lo mejor de mí. Por eso te pido lo que sé que Tú quieres darme: enséñame a amar más y mejor. Haz que te ame cada vez más como te lo mereces, y que ame a mis hermanas y hermanos como Tú mismo los amas y me has amado a mí. Amén.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, subió a una barca y se dirigió a un lugar apartado y solitario. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Cuando Jesús desembarcó, vio mucha muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los enfermos.

Como ya se hacía tarde, se acercaron sus discípulos a decirle: Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la gente para que vayan a los caseríos y compren algo de comer». Pero Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, Denles ustedes de comer». Ellos le contestaron: «No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados». Él les dijo: Tráiganmelos».

Luego mandó que la gente se sentara sobre el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados, y mirando al cielo, pronunció una bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran a la gente. Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que habían sobrado, se llenaron doce canastos. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

En este rato de oración, sigamos a Jesús hacia ese sitio tranquilo y apartado. Entremos dentro de nuestra propia alma, ahí le encontraremos.

Somos increíblemente importantes para Cristo. Cada uno. Por supuesto que la muerte de Juan, su pariente, le golpeó de un modo muy profundo, y necesitaba un tiempo Él solo, con sus amigos. Pero en su corazón hay espacio para cada persona, conocida o desconocida, lejana o cercana. Por eso, cuando llega la multitud en busca de Él, las compuertas del corazón de Jesús se desbordaron. Notó en seguida la necesidad de aquellos hombres, mujeres y niños. Muy seguramente Cristo se habrá emocionado, y la compasión le habrá hecho derramar más de alguna lágrima ante tanto sufrimiento.

Vivimos dentro de una montaña de inquietudes, tristezas, enfermedades… Todas muy reales e importantes, ciertamente, pero vistas sólo desde dentro de nosotros: cómo las sentimos, cómo las podemos resolver, cómo soportar el dolor, etc. A veces es necesario cambiar la perspectiva: “¿Qué piensa Cristo de esta situación que estoy pasando?” ¡Si supiéramos cuánto le importan a Cristo nuestras preocupaciones! ¡Vale la pena confiar en Él, poner todo en sus manos! Muchas veces la solución comienza, no en lo que hacemos, sino en lo que dejamos hacer a Dios.

O bien, fijémonos alrededor de nosotros, para darnos cuenta del sufrimiento de los demás. En nuestra ciudad o incluso cerca de casa, seguramente hay gente que pasa hambre, que no tiene quién se interese por él o ella… Son muchos, miles, millones en todo el mundo, pero Cristo hoy nos repite el mismo reto que a los Doce: “Dadles vosotros de comer”. Cristo espera que le ayudemos a alimentar a tanta gente, dando con generosidad los cinco panes que tenemos: un rato de conversación para animar, una sonrisa, un donativo, compartir nuestra comida con alguien… Si amamos como Él ama, con un verdadero interés por el otro, entonces hacemos a Cristo brillar para los demás a través de nosotros.

«La misericordia nos impulsa a pasar de lo personal a lo comunitario. Cuando actuamos con misericordia, como en los milagros de la multiplicación de los panes, que nacen de la compasión de Jesús por su pueblo y por los extranjeros, los panes se multiplican a medida que se reparten».
(Meditación de S.S. Francisco, 2 de junio de 2016).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Preparar algún alimento para una persona pobre que vive en la calle.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

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