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Ser hijo
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20 de febrero de 2024Ser hijo

Santo Evangelio según San Mateo 6, 7-15. Martes I de Cuaresma.

Por: Rubén Tornero, LC | Fuente: somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.


Amén.





Cristo, Rey nuestro.


¡Venga tu Reino!





Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)





Jesús, te doy gracias de todo corazón por este momento que me regalas para estar en intimidad contigo. Delante de ti puedo ser como soy, sin ningún tipo de máscara ni armadura, pues Tú me amas y me miras de tal manera, que no me siento condenado por ti, sino acogido tal cual soy, con todas mis heridas, con todos mis pecados…con todas mis ganas de amar y ser amado. En tus manos, Jesús, pongo todo mi corazón con todos mis anhelos y problemas, confiando en que acoges mi súplica y me darás hoy y siempre aquello que más necesito.





Evangelio del día (para orientar tu meditación)


Del santo Evangelio según san Mateo 6, 7-15





En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando ustedes hagan oración, no hablen mucho, como los paganos, que se imaginan que a fuerza de mucho hablar serán escuchados. No los imiten, porque el Padre sabe lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. Ustedes pues, oren así: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal. Si ustedes perdonan las faltas a los hombres, también a ustedes los perdonará el Padre celestial. Pero si ustedes no perdonan a los hombres, tampoco el Padre les perdonará a ustedes sus faltas».





Palabra del Señor.






Medita lo que Dios te dice en el Evangelio





Padre… Así me invita el Evangelio a llamarte.





Tú, el creador de todas las estrellas y planetas; Tú que me pensaste con amor desde toda la eternidad. Tú, que pase lo que pase, haga lo que haga, nunca dejarás de ser mi Padre.





Eres mi Padre aun cuando yo no me comporte como tu hijo. Tú te mantienes fiel en la cruz con los brazos abiertos para acoger siempre a todos tus hijos. Eres Padre y sufres al ver que tantas veces yo no sé ser hermano de los demás. No hay dolor más grande para un padre que ver como sus hijos se pelean como animales, se usan como a cosas y se matan como a enemigos.





Padre, perdóname por no haberme comportado siempre como un verdadero hijo tuyo; por haber pasado tantas veces indiferente ante mi hermano que sufre pidiendo limosna por la calle o que me ha reclamado un poco de atención y cariño en mi propio hogar. Enséñame a ser un verdadero hijo tuyo, un hermano de mi hermano.





Ayúdame, Padre, a saber recibir tu infinito amor y dame la gracia de aprender a recibir el amor que Tú me tienes.





«Jesús deja de lado esta oración de solamente palabras, y dice: «Vosotros, pues, orad así». Él nos indica el exactamente el espacio de la oración con una palabra: «Padre». Dios, sabe qué cosas necesitamos, antes de que se las pidamos; este Padre que nos escucha a escondidas, en secreto, como Él, Jesús, aconseja rezar: en secreto. Un Padre que nos da precisamente la identidad de hijos. Así, cuando yo digo «Padre», llego hasta las raíces de mi identidad: mi identidad cristiana es ser hijo y esta es una gracia del Espíritu. […] Él habla con el Padre: es el camino de la oración y, por eso, yo me permito decir, es el espacio de la oración».


(Homilía de S.S. Francisco, 16 de junio de 2016, en santa Marta).






Diálogo con Cristo





Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.





Propósito





Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.





Hoy meditaré la oración del padre nuestro y buscaré tratar a los demás como verdaderos hermanos.





Despedida





Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.


Amén.





¡Cristo, Rey nuestro!


¡Venga tu Reino!





Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.


Ruega por nosotros.





En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.


Amén.



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