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Una respuesta pronta y alegre…
Identidad

Una respuesta pronta y alegre…

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, dame las fuerzas necesarias para poder responder con prontitud y alegría a lo que siempre me pides.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 9, 51-62

Cuando ya se acercaba el tiempo en que tenía que salir de este mundo, Jesús tomó la firme determinación de emprender el viaje a Jerusalén. Envió mensajeros por delante y ellos fueron a una aldea de Samaria para conseguirle alojamiento; pero los samaritanos no quisieron recibirlo, porque supieron que iba a Jerusalén. Ante esta negativa, sus discípulos Santiago y Juan le dijeron: “Señor, ¿quieres que hagamos bajar fuego del cielo para que acabe con ellos?”. Pero Jesús se volvió hacia ellos y los reprendió. Después se fueron a otra aldea.

Mientras iban de camino, alguien le dijo a Jesús: “Te seguiré a dondequiera que vayas”. Jesús le respondió: “Las zorras tienen madrigueras y los pájaros, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene en dónde reclinar la cabeza”.

A otro, Jesús le dijo: “Sígueme”. Pero él le respondió: “Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre”. Jesús le replicó: “Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú ve y anuncia el Reino de Dios”.

Otro le dijo: “Te seguiré, Señor; pero déjame primero despedirme de mi familia”. Jesús le contestó: “El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

El Evangelio de este domingo es realmente maravilloso. Vemos en él las exigencias que les propone Cristo en el evangelio a algunos hombres que tiene buenas intenciones para seguirle en lo que probablemente sería su vocación, pero Cristo les pide un poco más, y no solo eso, sino que tanto en su tiempo como en el nuestro eran y son cosas exigentes.

Está el valiente que dice: Señor te seguiré a donde quiera que vayas. Cuántas veces tenemos esta buena intención, pero a lo mejor no es lo que Cristo nos pide, sino que simplemente queremos hacer nuestra propia voluntad, lo que nos parecería lo mejor, etc.

Está al que Jesús hace una llamada más «personal», de tal manera que le dice de frente sígueme, pero por las preocupaciones del mundo que son efímeras le responde: Señor claro que lo haré, y tiene una buena intención, pero por favor déjame enterrar a mi padre. ¿Quién no dejaría enterrar a un ser querido? Pero algunas veces Cristo nos pide cosas difíciles en la vida.

También encontramos aquel que afirma que le seguirá: te seguiré, pero…. Es un poco lo de los otros dos, tiene buena intención, sin embargo, hay algunas cosas que siempre nos detienen en el seguimiento total a nuestro Señor.

Pidamos la gracia a María santísima para que nos conceda la generosidad para responder a su Hijo con prontitud y alegría como ella lo hizo hasta el tormento de la cruz.

«Id. La misión requiere partir. Pero en la vida es fuerte la tentación de quedarse, de no correr riesgos, de contentarse con tener la situación bajo control. Es más fácil quedarse en casa, rodeado de aquellos que nos quieren, pero no es el camino de Jesús. Él envía: “Id”. No usa términos medios. No autoriza excursiones cortas o viajes reembolsados, sino que dice a sus discípulos, a todos sus discípulos, una palabra solo: “¡Id!” Id: una fuerte llamada que resuena en cada rincón de la vida cristiana; una clara invitación a estar siempre en salida, peregrinos en el mundo en busca del hermano que aún no conoce la alegría del amor de Dios. ¿Pero cómo se puede ir? Hay que ser ágil, no se pueden llevar todos los adornos de casa. Lo enseña la Biblia: cuando Dios liberó al pueblo elegido, hizo que fuera al desierto solo con el equipaje de su confianza en Él. Y cuando se hizo hombre, Él mismo caminó en la pobreza, sin tener donde reposar su cabeza. Pide a los suyos el mismo estilo. Para viajar hay que ir ligeros.»
(Discurso de S.S. Francisco, 5 de mayo de 2018).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Estar atento hoy a lo que Dios me pide, para tratar de hacerlo con prontitud, generosidad y alegría.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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